istóricamente, las mejores viñas han tenido una gran importancia en el vino español: ahí está la centenaria valoración de los mejores pagos de Jerez. Pero, desde el siglo XIX, con las que se llamaron bodegas industriales, nuestro vino fue por otros derroteros: grandes empresas, producciones muy altas de vinos de marca hechos con uvas –a menudo compradas– de varias procedencias. Desde 2000, un grupo de productores de vinos de pago –es decir, elaborados con sus propias uvas, de un único viñedo– de las dos Castillas se reunieron para reivindicar la personalidad única que define a los vinos de los mejores pagos y extender su cultura, apenas renacida, por España, fundando Grandes Pagos de Castilla. Esta asociación sin ánimo de lucro se transformó en 2003 en Grandes Pagos de España para responder al interés de muchos colegas de otras zonas en dar a conocer y promover este otro concepto de la calidad.